jueves, 26 de abril de 2007

DESPERTADO POR EL ESPIRITU


Despertado por el EspírituLa unión con Cristo fue el corazón y el alma de la fe de Pablo. Jesucristo no era simplemente el salvador de Pablo. Era la vida de Pablo. Por Ron M. Phillips
Una prueba de su devoción la hallamos en sus escritos: “Para mí el vivir es Cristo” (Filipenses 1:21); “Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste” (Colosenses 3:4). “Ya no vivo yo, más vive Cristo en mí” (Gálatas 2:20). Para Pablo, Cristo no era un pasaporte al cielo, sino el amigo de amigos con quien estaba en unión vital: “Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él” (1 Corintios 6:17).
La mayoría de los cristianos de la actualidad entienden lo que Cristo ha hecho «por nosotros». En Pablo, la salvación era más que una fórmula o un plan. En Pablo la salvación era nada menos que una invasión o un dominio de la vida de uno por parte del Espíritu de Jesús.
Una conversión sobrenatural fue la de Pablo: fue un cristiano capturado, un hombre lleno del Espíritu Santo con todo en su vida cristiana enraizado en su experiencia. Sin embargo, no era en nada probable un buen candidato para convertirse a Cristo. Escuchen su propia descripción en Filipenses capítulo 3: “Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. Pero cuantas cosas eran para mí ganancia las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe” (vv. 4-9).
No debemos tomar a la ligera la preparación de Pablo. Para él, la religión era una exigencia que demandaba todo su esfuerzo. La ley era la vida y el amor de Pablo. Era un fariseo de noble cuna y de elevado rango. Podía rastrear su linaje hasta Benjamín, uno de los dos hijos favoritos de Jacob. La vida de Pablo estaba profundamente enraizada en la fe que había sido llamado a propagar y a proteger.
Hay tres relatos de la conversión de Pablo en Hechos uno de ellos en 9:22-26. En esos relatos Pablo mencionó los aguijones que lo empujaron hacia Cristo. Los aguijones eran pedazos de madera en la parte trasera de un arado, diseñados para hincar al animal que pateaba a su amo. Dios, sobrenaturalmente, colocó algunos aguijones en su vida, que Pablo los pateó hasta que fue salvo.
El Dr. James S. Stewart enumera algunos de estos aguijones:
1. Uno de los más agudos y más punzantes, fue el fracaso de su religión, el judaísmo. Si algo era obvio en Pablo era el hecho de que su religión para él era laboriosa y tensa. Sin embargo, estaba tan comprometido con ella que había matado gente para protegerla.
2. Otro aguijón era la verdad del Jesús histórico. Era la tarea de Pablo antes de su conversión desaprobar los reclamos de quien sería el Mesías. Para hacer eso viajó y oyó los testimonios visuales de muchos.
3. Un hecho difícil de aceptar por parte de Pablo era la santidad en la vida de los cristianos. Aun cuando los cristianos morían, Pablo veía su paz en medio de su martirio.
4. Finalmente, la forma en que Esteban murió le causó profunda impresión a Pablo. El libro de los Hechos registra que Pablo cuidaba de los vestidos de los asesinos de Esteban. Es razonable asumir que Pablo también estuvo presente para oír el mensaje del joven diácono dado precisamente durante su apedreamiento.
En Hechos 7, Esteban predicó un apasionado mensaje, declarando la realidad del Dios sobrenatural a los legalistas.Pablo no conocía a este Dios hacedor de milagros a quien el joven Esteban, lleno del Espíritu Santo, tan claramente describía. Más tarde, cuando la oscura noche de la muerte descendía sobre Esteban en su apedreamiento, en vez de gritos de dolor y maldiciones de venganza, Pablo oyó estas palabras: “Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió” (Hechos 7:59-60).
Todos estos acontecimientos despojaron a Pablo de su orgullo y dejaron expuesto su vacío corazón. Continuó con sus amenazas de muerte contra la Iglesia hasta que un milagro lo atrapó personal y completamente. Lucas relató la historia: “Más yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tu persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? (Hechos 9:3-9, 17-18).
Milagros en la conversión de Pablo Miremos los milagros que rodearon la salvación de Pablo:
Una luz sobrenatural apareció en el cielo (Hechos 9:3).
Pablo y la compañía cayeron bajo la gloria (Hechos 9:7).
Pablo oyó la voz de Jesús (Hechos 9:4-6).
Pablo fue herido con ceguera (Hechos 9:8).
Ananías tuvo una visión que le ordenó ir donde estaba Pablo (Hechos 9:10).
Pablo tuvo una visión de que un hombre vendría a curarle su ceguera (Hechos 9:11-12).
Ananías puso las manos sobre Pablo, este recobró la vista y fue lleno del Espíritu Santo (Hechos 9:17-18).
La conversión de Pablo fue poderosa y estuvo rodeada de maravillas sobrenaturales.
Los comienzos del ministerio de PabloMuchos cristianos tienen un testimonio de salvación que no está exento de milagros, pero rehúsan admitir que Dios puede todavía realizar maravillas en sus vidas después de su conversión.
En la vida de Pablo, los acontecimientos sobrenaturales que tuvieron lugar aumentaron después de su nacimiento espiritual:
En Hechos 13:8-12, Pablo hirió a Elimas con ceguera por oponerse a la Palabra de Dios.
En Hechos 14:3, señales y prodigios confirmaron su mensaje en Iconio.
Sanó a un hombre paralítico en Listra (Hechos 14:8-10).
Fue casi muerto, pero sobrevivió milagrosamente a un apedreamiento en Listra (Hechos 14:8-10).
En el concilio de Jerusalén, informó de “muchos milagros y prodigios” (Hechos 15:12).
Posteriormente tuvo una visión, y en esa visión recibió el llamamiento para ir a Macedonia (Hechos 16:10).
Echó fuera un demonio de una joven mujer en Filipo (Hechos 16:18) y, como resultado, fue arrestado y encarcelado.
Mientras estaba en la celda de esa cárcel, Dios envió un terremoto y abrió las puertas de la cárcel, resultando todo esto en la salvación del carcelero (Hechos 16:25-34).
Tuvo otra visión en Corinto, que animó su ministerio, porque le prometió muchos conversos (Hechos 18:9-10).
Ministró a los seguidores de Juan el Bautista en Éfeso, y vio a las personas que eran salvadas, hablar en lenguas, recibir milagros inusuales, ser curadas por el toque de las telas que habían sido tocadas por Pablo y ser liberadas de demonios (Hechos 19:4-6,11-13).
Su ministerio continuó con poder cuando Dios levantó al joven Eutico de entre los muertos (Hechos 20:9-12).
Experimentó que el Señor estaba a su lado en la noche y le habló (Hechos 23:1l).
Lo rodearon las palabras y el ministerio de los ángeles (Hechos 27:23-24).
Fue preservado de una mordedura de serpiente en la isla de Malta (Hechos 28:3-6).
En la misma isla curó al padre de Publio y, además, a muchos otros (Hechos 28.8-9).Está claro que Pablo caminó en el poder sobrenatural de Dios.
El testimonio de las cartas de PabloPablo definió al reino de Dios como “justicia, gozo y paz en el Espíritu” (Romanos 14:17). Más adelante declaró que los gentiles fueron hechos obedientes “con potencia de señales y prodigios en el poder del Espíritu de Dios” (Romanos 15:19). Habló de la revelación del Espíritu de Dios (1 Corintios 2:1). Declaró que hablaba en lenguas más que todos ellos (1 Corintios 14:18). Y enseñó que hay dones de milagros y de sanidades (1 Corintios 12:9-10).
Mientras más miramos las cartas de Pablo, descubrimos que Dios nos da fortaleza sobrenatural para sufrir aun cuando decida no evitarnos el sufrimiento (2 Corintios 12). El poder preservador de Dios está sobre el creyente hasta que su obra esté hecha (2 Corintios 1:10). A pesar de los conflictos, siempre somos llevados “en triunfo” (2 Corintios 2:14). La fuente de nuestra vida no es la letra de la ley que «mata»; sino más bien el “Espíritu que da vida” (2 Corintios 3:6). Cada creyente es transformado “de gloria en gloria como por el poder del Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18; Gálatas 3:14-15).
Además, un Dios sobrenatural nos capacita para luchar contra Satanás y sus fortalezas (2 Corintios 10:1-6). Él nos provee con las armas del Espíritu (Efesios 6:10-18). Por el Espíritu desarmamos al enemigo (Colosenses 2:15). Revelación y visión fueron comunes al apóstol (2 Corintios 12:1-2; Efesios l:17). También declaró que todas las marcas de un apóstol le seguirían, incluyendo señales, prodigios y obras poderosas (2 Corintios 12:2).Esas señales y prodigios siguieron no solamente a los apóstoles, sino también a todos los creyentes, como Jesús prometió: “Y estas señales seguirán a los que creen: en mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán” (Marcos 16:17-18).
Aun en su defensa del evangelio a la iglesia de Galacia, Pablo apeló a lo sobrenatural: “¡Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado? Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar con la carne? ¿Tantas cosas habéis padecido en vano? si es que realmente fue en vano. Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe?” (Gálatas 3:1-5).
Vida por el EspírituCada aspecto de la vida cristiana debe estar gobernado por una continua llenura del Espíritu Santo (Efesios 5:18). La predicación de Pablo no vino “en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo” (1 Tesalonicenses 1:5). Mas tarde Pablo advirtió a la iglesia: “No apaguéis el Espíritu” (1 Tesalonicenses 5:19). Todas las cartas de Pablo validan el poder sobrenatural del Espíritu Santo.
¿Sería Pablo bienvenido a su iglesia?Pablo era un hombre que oraba por los enfermos, hablaba en lenguas, usaba un ropaje de oración, echaba fuera demonios y experimentaba visiones, sueños y trances. Sin embargo, este hombre sacudió el mundo occidental para Jesucristo.Usted puede estar diciéndose: “Bien, todas esas cosas terminaron con los apóstoles”. Una vez más debo señalar que esta creencia es pura especulación sin ningún respaldo bíblico sólido. Los dones carismáticos estarán tan activos al final de la era, como lo estuvieron al principio. Estos dones confirmarán tanto como fortalecerán al creyente a medida que se aproxima el fin de la era.Las Escrituras enseñan que las lenguas y otros dones serán innecesarios en el cielo: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1 Corintios 13:13).Cuando lo “perfecto” venga, entonces no habrá necesidad de los dones. Lo perfecto no es el canon de las Escrituras, sino la venida de Jesús.
Después de su venida, ya no necesitaremos más los dones de nuestra infancia, ni necesitaremos el carisma como un espejo del poder del mundo venidero. Estaremos en el cielo, en el lugar final de su presencia. En el cielo sabremos totalmente que los dones del Espíritu solamente nos dieron un reflejo de Dios.
Así como Dios ahora nos conoce, nosotros lo conoceremos a Él. Además, la fe y la esperanza terminarán, porque la fe llegará a ser vista y la esperanza será realizada. El amor nunca terminará.La cesación, como una doctrina, da a la iglesia muerta una excusa para su falta de poder.
Lo que Pablo diría ahoraSi Pablo se dirigiera a nuestras congregaciones ahora, su mensaje no sería otro. Él primeramente oraría por la iglesia para que tuviera poder: “Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo (...) para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos” (Efesios 3:14-21).
Segundo, nos advertiría no contristar al Espíritu Santo ignorando la palabra profética. El Espíritu nos ha sellado hasta la segunda venida. Las palabras que hablamos son dones de gracia, palabras carismáticas ofrecidas al creyente. Nuestro fracaso de hablar palabras de Dios por medio de sus dones contrista al Espíritu de Dios, como vemos en Efesios 4:29-30: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención”.
Tercero, Pablo nos haría esta apelación: “No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:19-21).
Estas apelaciones son simples. No debemos apagar el fuego. No debemos despreciar la palabra profética. Aquí está un llamado a la libertad para el creyente. Pablo sintió que era importante tener probados estos dones y palabras; sin embargo, él no los tenía despreciados, ahogados ni olvidados. Por cada patrón de medida, Pablo sería sospechoso en muchas iglesias, y tal vez ni siquiera bienvenido.
Billy Graham escribió: “Según Pablo, los dones (...) vienen de la operación soberana del Espíritu de Dios ‘repartiendo a cada uno en particular como él quiere’ (1 Corintios 12:1l). El Espíritu reparte los dones a los varios miembros del cuerpo. Así, cada creyente recibe algún don”.
Si usted es tentado alguna vez a rechazar a otros creyentes por las inusuales obras del Espíritu Santo en sus vidas, tome un momento para considerar los principios establecidos en las Escrituras. Piense que si Pablo viniera a su iglesia predicando sobre la plenitud de los dones del Espíritu,
¿cómo sería recibido?